Si vio la película "El silencio de los corderos" o el programa de televisión "Profiler," ya ha visto lo que es trazar el perfil de un delincuente.

Trazar el perfil de un delincuente, para encontrarlo usando su patrón de conducta, es algo que se conoce de muchas maneras. Por lo general, se atribuye al FBI el desarrollo de esta técnica dentro de la comunidad de las agencias policiales, pero la psicología ha desempeñado un papel clave para contribuir a lo que conocemos como el trazado de un perfil y en la ayuda al perfeccionamiento de los métodos para hacerlo.

El objetivo de trazar un perfil es ayudar a los investigadores a examinar las pruebas de la escena del crimen y los informes de las víctimas y testigos para desarrollar una descripción del delincuente. La descripción puede incluir rasgos de personalidad y patrones de conducta, así como edad, raza o ubicación geográfica. Los investigadores pueden usar el perfil trazado para ir descartando a varios sospechosos o entender cómo interrogar a un sospechoso que ya está detenido.

Si bien el campo de trazar perfiles aún está en desarrollo, en los últimos años, muchos psicólogos, junto con criminólogos y agentes de las fuerzas policiales, han comenzado a usar los métodos de investigación y estadísticas de la psicología para aportar más ciencia al arte de trazar perfiles. Además, los psicólogos han colaborado con las agencias policiales usando sus conocimientos y experiencia en materia de conducta para desarrollar perfiles de delincuentes.

El trazado de perfiles de delincuentes de manera informal tiene una larga historia. Se utilizó a principios de la década de 1880, cuando dos médicos, George Phillips y Thomas Bond, emplearon pistas de la escena del crimen para hacer conjeturas sobre la personalidad del asesino en serie británico, Jack el destripador.

Simultáneamente, el trazado de perfiles se ha arraigado en Estados Unidos, donde, hasta las últimas décadas, los encargados de hacerlo confiaban por lo general en su propia intuición y estudios informales.

En 1974, el FBI formó la Unidad de Ciencia de la Conducta para investigar casos de homicidios y violaciones en serie. La unidad desarrolló la idea de la "dicotomía organizado/desorganizado": Los crímenes organizados son premeditados y planificados cuidadosamente; por lo tanto, son pocas las pruebas que se encuentran en la escena del crimen. Los delincuentes organizados, según el esquema de clasificación, son antisociales pero distinguen el bien del mal, no son enfermos mentales y no sienten remordimiento. Los crímenes desorganizados, por el contrario, no son planificados, y los delincuentes dejan pruebas como huellas digitales y sangre. Los delincuentes desorganizados pueden ser jóvenes, estar bajo el efecto del alcohol o las drogas, o tener problemas mentales. Un agente del FBI sostiene que la premisa básica es que la conducta refleja la personalidad. El FBI busca indicios del comportamiento del asesino durante un crimen para intentar descubrir la personalidad del delincuente y atraparlo.

Un caso de violación se analiza de la misma forma, pero con la información adicional proveniente de la víctima viva. Todo lo relacionado con el delito, desde los actos sexuales a los que el violador obliga a la víctima, hasta el orden de realización, ofrece una pista sobre el autor del delito.

Los psicólogos ayudan a aumentar el rigor científico para trazar perfiles. Algunos psicólogos han hecho sus propias investigaciones trazando el perfil de delincuentes y descubrieron que pueden modificar algunas de las teorías clave del FBI sobre si la división entre organizado y desorganizado es tan amplia como se pensaba. Además, los psicólogos usan lo que saben sobre la conducta humana para desarrollar perfiles que ayuden a las agencias policiales en su búsqueda de delincuentes.

Adaptado de APA Monitor on Psycology, julio/agosto de 2004, Vol. 35, No. 7