Comprendiendo el estrés crónico

El estrés se describe con frecuencia como una sensación de agobio, preocupación y agotamiento. El estrés puede afectar a personas de cualquier edad, género y circunstancias personales y puede dar lugar a problemas de salud tanto física como psicológica. Por definición, el estrés es cualquier “experiencia emocional molesta que venga acompañada de cambios bioquímicos, fisiológicos y conductuales predecibles.”1 A veces, un poco de estrés viene bien porque da el empuje y la energía que se necesitan para sobrellevar ciertas situaciones, como tomar un examen o cumplir con algún plazo en el trabajo. Sin embargo, una cantidad excesiva de estrés puede tener consecuencias sobre la salud y afectar adversamente el sistema inmunitario, cardiovascular, neuroendocrino y nervioso central.2

Cómo el estrés daña su salud 

El exceso de estrés puede causar, además, graves daños emocionales. La gente puede superar bien episodios leves de estrés sirviéndose de las defensas naturales del cuerpo para adaptarse a los cambios. Pero el estrés crónico excesivo, es decir, aquél que es constante y persiste por un largo período de tiempo, puede ser extenuante tanto en lo físico como en lo psicológico.

A diferencia de otros estresores cotidianos que se pueden contrarrestar adoptando conductas saludables, el estrés crónico, si no se trata, puede tener consecuencias adversas para la salud, entre éstas ansiedad, insomnio, dolor muscular, alta presión y debilitamiento del sistema inmunitario.3 Las investigaciones demuestran que el estrés puede contribuir al desarrollo de enfermedades graves tales como enfermedades cardiacas, depresión y obesidad.4 Algunos estudios incluso apuntan a que el manejo inadecuado del estrés crónico, como comer comidas poco saludables o en exceso para sentirse mejor, ha contribuido a la creciente epidemia de obesidad.5 Sin embargo, la encuesta El estrés en los Estados Unidos, realizada por la Asociación Americana de Psicología (APA), reveló que el 33 por ciento de los estadounidenses nunca hablan con sus proveedores de salud sobre posibles formas de manejar el estrés.

El estrés crónico puede ser el resultado de estresores cotidianos que no se atienden o no se manejan adecuadamente, así como de eventos traumáticos. Las consecuencias del estrés crónico son graves, particularmente porque éste contribuye a la ansiedad y la depresión. Las personas que tienen depresión y ansiedad tienen un riesgo dos veces mayor de tener enfermedades cardiacas que las personas que no tienen estas afecciones.6 Además, las investigaciones han demostrado que hay una relación entre el estrés crónico o agudo y el abuso de sustancias adictivas.7

El manejo del estrés

Los estudios también han demostrado que existe un fuerte vínculo entre el insomnio y el estrés crónico.8 Según la encuesta de APA, El estrés en los Estados Unidos, más del 40 por ciento de los adultos dicen que el estrés no les permite conciliar el sueño. Los expertos recomiendan acostarse a la misma hora todas las noches, procurar dormir de 7 a 8 horas y retirar distracciones, tales como televisores y computadoras, del dormitorio.

Muchos estadounidenses que pasan largos períodos con estrés no hacen los cambios necesarios en su estilo de vida para reducir el estrés y evitar que se afecte su salud. Tomar decisiones sensatas sobre su estilo de vida y su conducta es necesario para mejorar la salud en general y prevenir el estrés crónico. La clave para el manejo del estrés es identificar y modificar aquellas conductas que lo causan. Pero realizar estos cambios puede representar un reto.

Aún pequeños pasos, como salir a caminar diariamente, pueden ser de beneficio. Comenzar a realizar actividad física es un cambio pequeño pero eficaz en el manejo del estrés. La actividad física aumenta la producción de endorfinas, una sustancia que provoca una sensación de bienestar. Las endorfinas son un tipo de neurotransmisor del cerebro que ayudan en el tratamiento de modalidades leves de depresión y ansiedad.9 Llevar una dieta saludable y dormir más y mejor también pueden ser beneficiosos.

Pero recuerde que es importante que hable con un profesional de la salud mental autorizado, como puede ser un psicólogo, si los niveles elevados de estrés se mantienen por mucho tiempo o si los problemas que pudieran venir como resultado afectan su vida cotidiana. Las investigaciones han demostrado que el estrés crónico se puede tratar con intervenciones adecuadas tales como cambios en el estilo de vida y la conducta, terapia y, en algunos casos, medicamentos.10  Un psicólogo le puede ayudar a superar las barreras que le impiden llevar una vida saludable, manejar el estrés de forma eficaz e identificar aquellas conductas y situaciones que hacen que usted tenga niveles altos de estrés de forma constante.

Si quiere más información sobre el estrés, visite la página web del Centro de Apoyo.

Queremos expresar nuestro agradecimiento a Mary K. Alvord, PhD, Karina W. Davidson, PhD, Jennifer F. Kelly, PhD, ABPP;  Kevin M. McGuiness, PhD, MS, ABPP-CH, y Steven Tovian, PhD, ABPP, por sus aportes a este artículo.

Referencias

1 Baum, A. (1990). “Stress, Intrusive Imagery, and Chronic Distress,” Health Psychology, Vol. 6, pp. 653-675. 
2 Anderson, N.B. (1998). “Levels of Analysis in Health Science: A Framework for Integrating Sociobehavioral and Biomedical Research,” Annals of the New York Academy of Sciences, Vol. 840, pp. 563-576. 
3 Baum, A. y Polsusnzy, D. (1999). “Health Psychology: Mapping Biobehavioral Contributions to Health and Illness.” Annual Review of Psychology, Vol. 50, pp. 137-163. 
4 Ibid. 
5 Dallman, M. et al. (2003). “Chronic stress and obesity: A new view of ‘comfort food.’” PNAS, Vol. 100, pp. 11696-11701.
6 Anderson, N.B. y Anderson, P.E. (2003). Emotional Longevity: what really determines how long you live. New York: Viking. 
7 Sinha, R. (2008). “Chronic Stress, Drug Use, and Vulnerability to Addiction.” Annals of the New York Academy of Sciences, Vol. 1141, pp. 105-130.  
8Vgontzas, A.N. et al. (1997). “Chronic insomnia and activity of the stress system: a preliminary study.” Journal of Psychosomatic Research, Vol. 45, pp. 21-31. 
9 Fox, K.R. (1999). “The influence of physical activity on mental well-being.” Public Health Nutrition, Vol. 2, pp. 411-418.
10McEwen, B.S. (2004). “Protection and Damage from Acute and Chronic Stress: Allostasis and Allostatic Overload and Relevance to the Pathophysiology of Psychiatric Disorders.” Annals of the New York Academy of Sciences, Vol. 1032, pp. 1-7.