Los padres tienen que enfrentar numerosas preocupaciones: el pago de la hipoteca, el seguro médico, el cuidado de los familiares de mayor edad y la crianza de los niños, por sólo mencionar algunas. En la medida que se acerca el comienzo del nuevo año escolar enfrentan factores estresantes adicionales como la compra de artículos de uso escolar, ropa y posiblemente de matrícula. Muchos padres también se preocupan porque sus hijos comienzan en una nueva escuela, cambian de distrito escolar, tienen ante sí un año académico riguroso, o enfrentan situaciones sociales difíciles. Con frecuencia, el miedo a lo desconocido — compañeros de clase, maestros, el edificio escolar — es el componente más estresante para la familia, tanto en el caso de los niños que deben abordar el ómnibus escolar, como de los padres que los despiden desde la acera.

“El fin del verano y el comienzo de un nuevo curso escolar puede ser un momento estresante para padres e hijos,” asegura la psicóloga Lynn Bufka, PhD. “Con frecuencia, en su búsqueda del equilibrio entre el trabajo y el hogar, los padres suelen ignorar los sentimientos de nerviosismo o ansiedad de los hijos cuando comienzan las clases. El trabajo conjunto con los niños en la creación de la capacidad de resistencia y flexibilidad, y en el control de las emociones, puede ser beneficioso para la salud psicológica de toda la familia.”

Por suerte, los niños son extremadamente capaces de hacerle frente al cambio, y los padres pueden ayudarlos en el proceso, proporcionándoles un entorno que fomente la capacidad de resistencia y flexibilidad, y les estimule a compartir y expresar sus sentimientos con respecto a su regreso a la escuela.

APA le ofrece los siguientes consejos para el inicio del nuevo curso:

  1. Practique la rutina del primer día de clases: La creación de una rutina para irse a la cama antes de la primera semana de clases, ayudará a mitigar el golpe que implica levantarse temprano. La organización de las cosas necesarias en casa — mochila, carpeta, lonchera o dinero para la cafetería — ayudarán a que la primera mañana de salida a la escuela transcurra sin percances. Los almuerzos saludables que al mismo tiempo le agraden al niño, le permitirán conservar la energía durante la jornada escolar. Además, el recorrido por el edificio de la escuela y la inspección del casillero y el aula del niño contribuirán a aliviar la ansiedad ante lo desconocido.

  2. Conozca a sus vecinos: Si su hijo comienza a estudiar en una nueva escuela, recorra el vecindario para conocer a los niños del barrio. Coordine una cita para jugar, o en el caso de un niño mayor, busque el sitio al cual van los niños vecinos para reunirse sin peligro alguno, como la piscina comunitaria, el centro de recreaciones o el parque.

  3. Hable con el niño: El conversar con su hijo para estar al tanto de sus temores o preocupaciones con respecto al inicio del nuevo curso le ayudará a compartir la carga emotiva. Pregúntele qué cosas de la escuela anterior le gustaban más, y estudie la forma de incorporarlas a su nueva experiencia.

  4. Solidarícese con sus hijos: El cambio puede ser difícil, pero también tiene su parte de entusiasmo. Hágales saber a los niños que está consciente de lo que están pasando, y que pueden contar con usted para ayudarlos en el proceso. El nerviosismo es normal, pero insista en que no todo lo diferente es necesariamente malo. Es importante que estimule a sus hijos a hacerles frente a sus temores, y no caiga en la trampa de incitarlos a evitar conflictos.

  5. Participe activamente y solicite ayuda: El conocimiento de la escuela y la comunidad le preparará mejor para entender el entorno que rodea a su hijo, y la transición por la cual está pasando. El contacto con los miembros de su comunidad y su escuela fomentará el apoyo hacia usted y su hijo. Si siente que el estrés del curso escolar es demasiado intenso, y que ni usted ni su hijo pueden manejarlo por sus medios, busque asesoría de experto con un profesional de la salud mental como un psicólogo, que les ayudará a controlar y hacerle frente a la situación.

Un agradecimiento especial a la Dra. Mary Alvord por su ayuda en la redacción de este artículo.