A veces el mal comportamiento de un niño puede ser tan frustrante que uno de los padres, o la persona que lo cuida, le pega sin detenerse a pensar. Los niños se confunden, se asustan y se enojan cuando los adultos los lastiman, sobre todo si son los adultos de los que ellos dependen para que los amen y los protejan. Y los castigos severos y continuos pueden llevar a un niño al descontrol y a la agresividad— exactamente lo contrario de lo que usted desea lograr. Hay que enseñarles buenos comportamientos con amor y respeto; los niños nunca deben tener miedo ni sentirse amenazados por las personas que los deben amar y proteger.
Formas De Disciplina Que Se Pueden Usar
Ignore los comportamientos irritantes pero que no son peligrosos — por ejemplo, cuando un niño es quejoso, dice malas palabras o tiene rabietas. A veces esto es un poco difícil, pero si uno le presta atención a este tipo de comportamiento sólo logrará que se repita.
Retire algún privilegio, eso puede ayudar a detener un mal comportamiento. Una vez que el niño es bastante grande como para comprender, dígale que algo que le gusta (como andar en bicicleta, jugar en la casa de un amigo o mirar su programa predilecto de televisión) no lo podrá hacer si continúa comportándose de manera inapropiada. Esto le da una opción: Si se controla, hace lo que le gusta; si continúa comportándose de manera inadecuada, no. Este tipo de enfoque enseña que todas las acciones tienen sus consecuencias.
Las consecuencias pueden impartir una enseñanza (La niña coloca sus galletas en el piso, usted le advierte que no lo haga, ella insiste, el perro se come las galletas y no le quedan más). Obviamente jamás hay que adoptar esta actitud cuando está en juego la seguridad de los niños -por ejemplo, cuando un niño juega con fósforos o se va a la calle. Cuando un niño se porta mal, intente demostrarle, con su respuesta, el vínculo que existe entre esa acción y la reacción suya. (Una niña colorea la pared, se le retiran sus crayolas y ella tiene que ayudar a limpiar. El chico llora en un almacén porque quiere un caramelo; el padre se lo lleva a casa sin comprarle la golosina).
Cuando un niño ignora su advertencia respecto a las consecuencias de sus acciones, a veces la mejor opción es dejar que las cosas ocurran.
Cuando los niños pequeños se pelean o discuten, colóquese entre ellos. De ser posible póngase de rodillas para estar a nivel de su mirada. Déjeles saber que usted comprende por qué están ofuscados. Si se están peleando por un juguete o un objeto, sostenga dicho objeto hasta que se resuelva el problema. Pídale a cada niño que le explique cual es el problema y escuche con atención. Pídale a ambos que piensen en alguna forma en que se podría resolver el problema. Ayúdelos a pensar en las consecuencias (“Si hacemos esto, entonces ¿que pasará?”). Ayúdelos a encontrar una solución que sea justa y no violenta. Luego observe lo que ocurre: Si la solución funciona, elógielos; si no funciona, ayúdelos a buscar otra solución e intente nuevamente.
Si un niño abiertamente le pega a otro o se burla de él, hable primero con la víctima dejándo que exprese lo que desea y lo que siente. Aliente a la víctima a que enfrente al agresor y le diga como se siente— acaso de la forma siguiente: “No me gusta que me empujes. ¡Me duele y me hace enojar! Asegúrese de que el agresor no reciba más atención que la víctima.
Tiempo aparte es un método empleado por algunas familias para darle a los niños (y a los adultos) un período para calmarse. Si usted emplea este método, mantenga el tiempo aparte de corta duración y observe las siguientes reglas:
- Busque un lugar seguro y con supervisión en donde el niño pueda estar tranquilo sin que nadie lo moleste.
- Dígale que al final de su tiempo aparte, ustedes dos van a conversar sobre su comportamiento difícil.
- Dígale que tome asiento tranquilo, sin hablar con nadie, hasta que esté bien calmado y dispuesto a tener una conversación.
- Cuando se le termine el tiempo en que debe estar apartado, cumpla con su promesa y hable con el niño sobre lo que ocurrió.
Las palmadas. Existen diversas opiniones sobre las palmadas, pero en realidad pegarle a un niño o darle una palmada es transmitir un mensaje confuso. Esta acción le dice al niño que está bien lastimar a alguien que uno ama para controlarlo o resolver un problema. Si este castigo se repite severamente en el correr del tiempo, uno está entrenando al niño a usar la fuerza para castigar a otros de la misma forma en que se le castigó a él.