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Hable con su hijo siempre que pueda. A veces el mejor momento para hablar puede ser cuando lleva a su hijo a algún lado. Otras veces, puede ser cuando hacen los quehaceres juntos, lo que permite a su hijo tener la mirada puesta en otra cosa mientras conversan. Cuando sus hijos le hagan preguntas, respóndales de manera franca pero simple y en tono tranquilizador. Pídales su opinión sobre lo qué está sucediendo y escuche sus respuestas. No pase por alto sus sentimientos, pueden decir que están asustados o expresar odio hacia las personas de determinado país o religión. Anímelos a evitar las generalidades, y sea usted honesto con sus sentimientos, pero dé mensajes de esperanza y aliento. Puede decir "Yo también estoy un poco asustado, pero sé que estamos preparados para lo pueda suceder y sé que lo vamos a superar". Es probable que su hijo ya tenga la edad suficiente para darse cuenta de algunas áreas poco definidas en sus sentimientos, pero no debe dar lugar a dudas cuando le dice de que hará lo que sea necesario para mantenerlo seguro.
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Haga de su hogar un lugar emocionalmente seguro para su hijo. En la escuela intermedia, los grupitos exclusivos y los intimidadores pueden dificultarle la vida a su hijo; el hogar debe ser un refugio. Su hijo está en una edad en la que puede comenzar a desear estar solo, pero prepárese para brindarle mucho tiempo en familia cuando lo necesite, en especial durante tiempos de guerra. Comparta más tiempo con su hijo jugando, leyéndole o simplemente haciendo quehaceres juntos.
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Limite la cantidad de noticias que sus hijos ven en tiempos de guerra. No es necesario esconder a los niños de lo que sucede en el mundo, pero tampoco deben estar expuestos a relatos constantes sobre la guerra. Guarde revistas y diarios que tengan una amplia cobertura fotográfica de la guerra o portadas atemorizantes. Supervise el uso de Internet de sus hijos para asegurarse de que no visiten sitios que den informes sangrientos o sensacionalistas de la guerra. Cuando vea las noticias, úselas como instrumento educativo y analice lo que acaba de ver con su hijo
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Tenga en cuenta que el estrés de la guerra puede agudizar las tensiones cotidianas. Su hijo puede estar sintiendo de por sí altas y bajas extremas debido a los niveles hormonales en su cuerpo; esto sumado a la incertidumbre de los tiempos de guerra puede hacer que estos cambios parezcan más extremos. Sea comprensivo pero firme cuando un niño responda al estrés con mala conducta. Tranquilícelo diciéndole que sólo espera que haga el mejor esfuerzo posible
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Durante la guerra, planifique una rutina y aténgase a ella. La escuela intermedia le ofrece a su hijo más opciones sobre cómo utilizar su tiempo. Puede ser tranquilizador que el hogar sea una constante, en especial en momentos de incertidumbre. Si las tareas se hacen a determinada hora, asegúrese de reservar ese tiempo para hacer las tareas. Su hijo puede ser menos capaz de manejar el cambio en casa cuando la situación mundial es inestable
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Asegúrese de cuidar de sí mismo. Si no lo hace, puede tener menos paciencia y menos creatividad en un momento que su hijo necesita que le hagan sentir tranquilidad y seguridad. Muchas personas descubren que recurrir a un poder supremo, ya sea a través de una religión organizada o en forma privada, puede ayudarles. Cuídese para que pueda cuidar de su hijo.
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Dígales a sus hijos que estarán bien. Tranquilícelos diciéndoles que estarán protegidos. Tenga un plan de emergencia para la familia y coméntelo con sus hijos. Dé instrucciones sobre qué deben hacer en una emergencia y una lista de números de teléfono, del trabajo y la casa, que puedan llevar en sus mochilas. Comente con los niños los planes de emergencia que tienen sus escuelas y prepárelos, algunas escuelas cierran durante una emergencia con los niños adentro y sus hijos deben saber cómo estarán protegidos en la escuela incluso si no están con sus padres. Si los niños tienen familiares en las fuerzas armadas, obtenga la mayor cantidad de información posible sobre dónde estará su familiar, cuánto tiempo permanecerá allí y con qué frecuencia podrá comunicarse con ellos.
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Observe en su hijo signos de miedo y ansiedad que no pueda ser capaz de expresar con palabras. ¿Bajaron las calificaciones de su hijo repentinamente? ¿Pregunta su hijo sobre el bienestar de un amigo durante la guerra cuando en realidad tiene miedo por sí mismo? Puede estar sintiendo la presión de lo que está sucediendo en el mundo a su alrededor. Si tiene problemas para expresar sus sentimientos con palabras, anímelo a escribir un diario o recurrir al arte para expresar sus temores.
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Haga que su hijo le ayude, ya sea en un quehacer o dando su opinión acerca de una actividad familiar. Incluya a su hijo en una actividad voluntaria que usted realice. Asegúrese de que su hijo sepa cómo sus acciones contribuyen al bienestar de toda la familia. Si su hijo sabe el papel que debe desempeñar, y puede ayudar, sentirá que tiene mayor control y también se sentirá más seguro.
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Plantee las cosas desde un punto de vista positivo para su hijo. Es posible que ni usted ni su hijo hayan pasado por una situación de guerra antes, pero debe decirle que las guerras terminan. Señale momentos que su hijo tuvo que enfrentar que pueden haberle causado temor pero que los venció, ya sea miedo a la oscuridad o a entrar a una nueva clase por primera vez. Señale las cosas importantes que no cambiaron, incluso mientras el mundo externo cambia. Cuando hable sobre malos momentos, asegúrese de hablar también de los buenos momentos que vendrán. Enséñele a su hijo cómo tener pensamientos positivos o una canción especial para relajarse en un momento de estrés.